Una buena Convivencia Escolar es la anticipación de la vida social que queremos para el país especialmente para los niños y niñas quienes son quienes replicaran nuestros ejemplos.
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domingo, 12 de diciembre de 2010

El miedo tambien mueve montañas

Hay que decir que la amenaza es muy efectiva. Se suele lograr lo que se quiere. Pero el costo de ese “logro” es muy alto en efectos negativos para la vida de los niños y para la relación que se pretende establecer con ellos. Es una de las formas de cultivar resentimientos que después se resolverán en forma de imitación, agregando así un eslabón a la cadena de maltrato, o en forma de sometimiento, con todas sus indeseables consecuencias también maltratantes, hacia sí mismos, en este caso.
Cuando nos relacionamos con los niños como verdaderos adultos, lo único que vemos en los actos torpes o inadecuados o “malintencionados” de nuestros hijos o de nuestros alumnos, no es otra cosa que aspectos que debemos ayudar a mejorar, a integrar, a comprender, a descubrir por parte de ellos. Esa sí es nuestra misión, pero claro que lleva tiempo. Si se lo damos, si nos lo damos, estaremos educando paso a paso, como hay que educar. Si nos entra el apuro, estaremos haciendo daño, aunque la inmediatez de la respuesta que queremos nos haga sentir tan bien.
No nos dejemos engañar: cada vez que un niño o una niña hace de inmediato lo que yo quiero porque lo amenacé con algo que lo iba a dañar, esa inmediatez tranquiliza pero no educa. Es el mejor síntoma de que el miedo está haciendo su tarea: destruyendo la confianza de ese niño o de esa niña en sí mismo y en usted. Recordemos que los aprendizajes toman tiempo y requieren que admitamos la equivocación una y otra vez. Ella sólo nos muestra que se está intentando aprender. El que hace las cosas “bien” de inmediato, muestra más bien, que está aprendiendo a manejar al otro y no aprendiendo a crecer.
Para acabar de completar, con la amenaza no sólo creamos un ambiente de hostilidad y de desconfianza, sino que desviamos el curso del proceso educativo, y en lugar de ayudar a la consolidación de sujetos autónomos, independientes y librepensadores, producimos personas desconfiadas, temerosas o temerarias y dispuestas a reaccionar con las vísceras más que a utilizar la fuerza de los argumentos a partir de que aprendan a convivir respetuosamente, y a crear posibilidades de encuentro en la realidad que viven.

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